Danteiop
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En un bosque que no figura en los mapas y que los adultos prefieren ignorar, dos niños encuentran un refugio inesperado: un espacio donde la tristeza puede respirar y las palabras, incluso las no dichas, tienen peso. Olivine carga con la sensación de no ser suficiente, con un hogar que no lo entiende y una tristeza que parece demasiado grande para su edad. Quincy, por su parte, ha aprendido a lidiar con sus propios fantasmas familiares y sabe que a veces la compañía silenciosa es el consuelo más valioso.
Entre hojas húmedas, ramas entrelazadas y pequeños gestos -como una flor ofrecida con cuidado-, ambos descubren que compartir el dolor puede transformar la soledad en vínculo. Cada silencio, cada mirada y cada palabra medida es un hilo que los conecta, enseñándoles que incluso en la tristeza más profunda, los detalles más pequeños pueden sostener la luz.
Una historia de intimidad, de fragilidad, y de cómo los lugares y las personas correctas pueden hacer que uno sienta que, al menos por un momento, ya no está solo.