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lugar en el equipo: piloto nuevo, enfocado, profesional... y lejos de las distracciones.
Pero entonces llegó Lando. Con su sonrisa fácil, sus bromas sin filtro, y una forma de hacer que incluso el día más común supiera distinto.
Entre carreras, entrenamientos y pequeños momentos compartidos -una carcajada en el motorhome, una mirada en el paddock, un helado en medio de un día nublado- Oscar empieza a descubrir emociones que nunca esperó.
Sabores que no estaban en su plan.
Sensaciones que no venían con instrucciones.
Porque a veces, lo inesperado es lo que más necesitas.
Y a veces, lo que empieza como compañerismo... termina sabiendo a algo más.