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Rosario lo miraba desde lejos. Él era su 𝓫𝓪𝓳𝓸 𝓹𝓻𝓸𝓱𝓲𝓫𝓲𝓭𝓸, era el que te dejaba sin aire con tal solo mirarte, el que pensas que con esos dedos no solo toca bien las cuerdas del bajo.
Daira la invita a su mejor amiga al Vélez de su novio y sus cuñados.
Ella es tatuadora, pasa la mayoría de los días marcando pieles en su estudio de Caballito, y ahora no puede dejar de imaginar que se sentiría marcar la piel de Gastón...o que él marcará la de ella.
Entre miradas cortas, silencios pesados y una tensión que se corta con un cuchillo, 𝓵𝓸 𝓹𝓻𝓸𝓱𝓲𝓫𝓲𝓭𝓸 𝓮𝓷 𝓬𝓾𝓪𝓵𝓺𝓾𝓲𝓮𝓻 𝓶𝓸𝓶𝓮𝓷𝓽𝓸 𝓬𝓸𝓶𝓲𝓮𝓷𝔃𝓪. Porque a veces no hay que hablar para que todo se complique.
Gastón, con una mujer y un hijo soñado, ¿se dejara llevar por el deseo de tener a otra mujer a su lado?
Porque él, con su forma de ser tan callado y reservado, parece que siente lo mismo.