Daanniez_Varely
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No sé en qué momento empecé a escuchar cosas que nadie más oye: En los pasillos amplios, en las plazas, en las bibliotecas silenciosas, hay presencias que no respetan la distancia. Sombras que no deberían estar ahí, voces que pronuncian mi nombre, como si siempre me hubieran conocido. Miller lo llama agarofobia, en terapia me enseña a respirar, a nombrar mis miedos, a escribirlos para que pierdan fuerza. Dice que mi mente busca refugio en historias antiguas: ángeles, demonios, mundos que no existen.
Yo asiento. Es más fácil así.
Allí, entre sesiones de terapia y tardes robadas a la normalidad, aparece Joan. Él carga sus propias heridas, algunas visibles... otras imposibles de explicar. A su lado, mis "historias" parecen reaccionar y por alguna razón, no me siento tan sola en un mundo que siempre me hizo sentir invisible.
Me dijeron que los ángeles solo existen en los libros, que los demonios son metáforas del trauma, pero ¿cómo se explica entonces el frío que me toma del cabello, o la luz que arde cuando alguien pronuncia ciertos nombres?
Tal vez estoy loca, tal vez mi mente inventa refugios imposibles... O tal vez los ángeles sí caen, los demonios sí buscan, y yo -sin quererlo- aprendí a mirar entre los planos.
Y si ese es el caso... entonces no estoy perdiendo la cordura.