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-Si pudieses tener una parte de mi, ¿cuál sería?- preguntó acorde a la dinámica que se les impuso, aunque añadiendo un toque de la coquetería juguetona que compartía con su compañero desde hace meses.
-Bueno, no ve visto todo de ti- respondió Daniel con el mismo tono, aguantando la risa mientras fingía pensar.
-¿Y quieres hacerlo?- devolvió, disfrutando cada segundo de como el rubor subía a las mejillas bronceadas de su compañero de equipo.
-Tienes rodillas preciosas, creo que tomaré tu rodilla izquierda- la respuesta vino entre muecas para disimular la risa, trabajo que llevaba mucho mejor que Max. -Si tú pudieses tener cualquier parte de mi cuerpo- era el turno del australiano de devolver la pregunta. -Cualquier parte que quieras- Max recorrió sin descaro toda la longitud de su cuerpo con la mirada. Daniel quiso hacer énfasis para hacerlo gracioso, pero antes de que pudiera formular la pregunta, Max ya había respondido.
-Tu nariz- y había algo especial en su mirada al decir eso, no era una broma, así que Daniel dijo que lo tomaría como halago.
La seguridad de ese joven para tirar coqueteos descarados, halagos y miradas intensas a su compañero tenían a Daniel estremeciéndose a ratos de manera vergonzosa para alguien de su edad.
Historia corta que llegó a mí después de ver la entrevista de donde sale la portada de esta.
Lo relatado acá es ficción y no intenta ofender ni afectar a los mencionados. Si no es su contenido preferido, por favor no interactúen con ello y tengan un buen día.