SabakunoAmbar
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-Suena a que Kaiser se obsesionó de verdad -murmuró-. No es solo ego, es... personal.
Igaguri, con los ojos muy abiertos, se inclinó hacia Karasu como si estuviera contando un secreto de estado.
-¿Y Rin qué hizo? ¿Le contestó algo? ¿Le dio un puñetazo? ¿Lo ignoró?
Karasu se encogió de hombros, pero su sonrisa se ensanchó.
-Rin fue Rin. Lo miró como si estuviera viendo un insecto interesante, le dijo que no era un espectáculo y que si quería algo lo demostrara en la cancha. Luego se levantó, pasó por su lado sin rozarlo y se metió a las duchas. Pero juro que el aire se quedó cargado, como si hubieran encendido un fósforo en una habitación llena de gas.
La mesa estalló en murmullos y risas contenidas. Bachira se tapó la boca con las manos para no reír más fuerte, Nagi abrió un ojo con pereza y murmuró un "qué pesado" que nadie supo si iba dirigido a Kaiser o a la conversación entera, Aiku soltó un "esto se pone interesante" con tono de quien ya está apostando mentalmente por el resultado, y Raichi soltó una maldición entre dientes mientras golpeaba la mesa con los nudillos.
Rin, que hasta ese momento había estado sentado al final de la mesa con el plato casi intacto frente a él, el cabello todavía ligeramente húmedo del entrenamiento y los ojos fijos en un punto indefinido de la bandeja, finalmente alzó la vista. Su expresión era la de siempre: neutra, fría, con ese filo que hacía que la mayoría de la gente bajara la mirada instintivamente. Pero cuando habló, su voz salió baja, cortante, sin alzar el volumen ni un ápice.
-Karasu -dijo, y el nombre sonó como una advertencia envuelta en hielo-. No seas vieja chismosa.