SabakunoAmbar
-¡Cállate! ¡Cállate! Shh... Shh... No me dejas escucharlo -gritó Rin, llevándose ambas manos a los oídos con fuerza, presionando hasta que los nudillos se le pusieron blancos, como si intentara bloquear un ruido ensordecedor que solo él podía oír. Giró la cabeza hacia una esquina vacía del vestidor -donde solo había una taquilla semiabierta y una toalla caída- y habló en dirección a ella, con una voz más baja, casi confidencial, como si estuviera respondiendo a alguien que Isagi no podía ver ni oír-. Si tienes razón... toda la razón del mundo. Él no entiende... nunca entiende... solo toma y toma y después se hace el sorprendido cuando alguien se cansa de darle... solo quiere el protagonismo. Solo quiere ser el centro y... nosotros... nosotros quedamos como piezas de apoyo que se pueden desechar cuando ya no sirven.
Isagi siguió la dirección de su mirada. No había nadie. Solo la pared, las taquillas, la luz fría que parpadeaba ligeramente. Un escalofrío le recorrió la espalda, frío y lento, mientras el olor a sudor se volvía más intenso a su alrededor. Rin volvió a mirarlo y ahora su expresión había cambiado otra vez: la rabia se había mezclado con una certeza fría, casi clínica, como si otra identidad hubiera terminado de acomodarse en la superficie. Dio un paso más cerca, la respiración irregular y habló con una calma que resultaba más inquietante que los gritos anteriores.