bansheex100
Algunas veces, los caminos que más cambian en rumbo de la vida no inician con una decisión, sino con adrenalina y un desprevenido impulso, un deseo inesperado.
Una noche cualquiera, entre libros, apuntes y cafés tibios, Camila Giordano encendió su consola como quien busca un refugio, no una oportunidad. En aquel mundo digital de motores rugientes, velocidades inalcanzables y pistas pixeladas, encontraba un descanso momentáneo de la rutina, del peso de sostenerse sola, del futuro incierto que solía parecerse más a una sombra acechante en lugar de una luz de esperanza.
Nunca soñó con la Fórmula 1. No coleccionaba autos a escala, ni mucho menos seguía religiosamente cada practica y carrera en horarios inhumanos a su parecer. Pero tenía reflejos afilados, una paciencia quirúrgica, y un talento que, sin saberlo, rozaba lo extraordinario.
Cuando Porsche anunció su incorporación a la Formula 1, la prensa se disparó, y aun más cuando la nueva escudería reveló un evento global para reclutar a un piloto de un modo poco convencional, con las mismas esperanzas que Nissan tuvo en el 2011 con Jann Mardenborough.
Se inscribió pura y exclusivamente por diversión, como quien lanza una botella al mar sin esperar respuesta.
Pero la marea, esta vez, trajo algo de vuelta.
El circuito dejó de ser un juego.
El rugido de los motores se volvió una nueva sinfonía. No eran solo autos, era un nuevo camino, una oportunidad de encontrar, y encontrarse a ella misma. Una oportunidad de resistir, de descubrir lo que ocurre al dejar de vivir al margen y expectativas de los demás, de dejar que la adrenalina recorra sus venas libremente.