Skereere
A las cuatro de la tarde, las tanquetas comenzaron a marchar hacia Palacio.
Melodie lo vio desde una banca, con la comida fría entre las manos y el peso antiguo del cuartel regresándole al cuerpo. Había escuchado antes esos discursos: patria, orden, enemigos extranjeros, sacrificio. Palabras limpias para cosas sucias.
Janet, extranjera, cantante y dueña de tierras que el nuevo régimen desea "devolver al pueblo", intenta huir del país antes de que la conviertan en ejemplo. Pero las fronteras se cierran, las embajadas caen bajo vigilancia y los nombres empiezan a aparecer en listas que nadie admite haber escrito.
Cuando Janet llama a Melodie, ya no busca amor. Busca una salida.
Encerradas en una mansión diseñada para protegerlas, ambas descubren que ninguna cámara, ninguna puerta blindada y ningún contacto puede detener a un Estado que ya decidió entrar.
Y cuando la patria toque la puerta, Melodie tendrá que elegir entre esconderse con la mujer que ama... o quedarse afuera para comprarle unos minutos más de vida.