aychulo
Sitetampo siempre creyó que la vida era una línea recta: avanzar, ganar, subir. Aprendió temprano que el mundo recompensa a quienes no dudan, a quienes no miran hacia abajo. Nunca necesitó preguntarse qué pasaba cuando el suelo desaparecía, porque para él siempre hubo algo que lo sostenía.
Hiroto, en cambio, aprendió a vivir mirando al abismo sin asomarse del todo. No porque quisiera caer, sino porque estaba cansado de fingir que el vértigo no existía. Era dulce no por inocencia, sino por elección. Porque a veces la bondad es lo único que le queda a quien ha pensado demasiadas veces en irse.
Uno vive sin miedo a perder.
El otro vive sin planes para quedarse.