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En lugar de ir al Castillo Byers, Will se quedó en casa, pensando una y otra vez en las crudas palabras que Mike le dijo; "¡No es mi culpa que no te gusten las niñas!". Mientras la lluvia seguia cayendo, Mike y Lucas fueron a su casa a buscarlo, pero Will no respondio. Impacientes y desesperados, entran por la ventana del cuarto de Will, donde lo encuentran hechado en su cama. Y ahí en ese momento, Will y Mike tienen una conversación pendiente, la cual cambiará para siempre la forma en la que se perciben el uno al otro.