MeliwaF10
Cuando empiezas a creer las historias que te cuentan, sabes que ya no hay vuelta atrás.
Orión había ignorado toda su vida aquellas historias terroríficas sobre la superficie. No porque no las conociera, sino porque nunca logró creerlas del todo. Para él, el mundo no podía terminar en algas, agua y sal. Estaba seguro de que allá arriba debía existir algo más, algo inmenso y desconocido que valiera la pena descubrir.
Víctor, en cambio, creció rodeado de relatos cargados de miedo y resentimiento. Aprendió a odiar a los caminantes diurnos y a las sirenas, esos seres que, según decían, se escondían en lo profundo del mar y jamás se atrevían a salir. Para él, el odio no era una elección, sino una herencia.
Su encuentro fue repentino, casual e inocente.
Y aun así, terminó convirtiéndose en el peor castigo para Orión.
Porque mientras Víctor veía en él la prueba de que las historias podían estar equivocadas, Orión cargaba con un mandato mucho más oscuro: viajar a la superficie para sembrar la desconfianza, provocar la guerra entre vampiros y caminantes diurnos y asegurarse de que la fruta de sangre desapareciera de sus manos.
No por venganza.
No por ambición.
Sino para preservar la existencia de los tritones y las sirenas, incluso si el precio era traicionar aquello que comenzaba a sentir.