Eltaniny
- Reads 2,323
- Votes 377
- Parts 16
Existían reglas en el hockey y en el mundo tal y como lo conocíamos, alfas, betas y omegas. Cada uno con un lugar asignado, con límites invisibles que nadie decía en voz alta, pero que todos respetaban.
Lo verdaderamente complicado para mí era ocultar el simple hecho de ser omega. Así que me había convertido en un experto. Medicaciones, jeringas, mediciones exactas del ciclo. Dosis cronometradas al milímetro. Todo calculado. Todo bajo control o al menos eso quería creer.
Mi cuerpo se había vuelto una ecuación constante, cómo rendir sin que mi aroma me traicionara, cómo resistir los partidos largos sin que los inhibidores fallaran o el olor de mis compañeros me molestaría, cómo mantener la cabeza fría cuando el instinto gritaba lo contrario. Aprendí a leerme mejor que cualquier médico del equipo.
Mi padre jamás estuvo de acuerdo. Para él, estaba forzando algo que no me correspondía, desafiando una naturaleza que tarde o temprano me iba a pasar factura.
Mi madre, en cambio, me miraba como se mira a alguien que ya decidió su destino. Estaba tan apasionada como yo por verme triunfar en el hockey, que me acompañaba a las consultas, me alcanzaba las cajas de medicación sin juzgar, me preguntaba si había dormido bien antes de cada partido importante.
Nunca me pidió que eligiera algo distinto al camino que y había trazado para mí.
Gracias a ella, todo me era apoyado. Y gracias a ese apoyo, yo seguía entrando al hielo como si nada pudiera tocarme.
Aunque en el fondo sabía que bastaba un error, una dosis mal calculada, un golpe mal dado, para que todo se viniera abajo.
Y el hockey, como la vida, no perdona las grietas.