Pavlikkm
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Durante trescientos cincuenta y dos días, Mike Wheeler ha vivido en una frecuencia de radio muerta, alimentándose de la esperanza de que el vacío no sea permanente. Para él, el mundo se detuvo en el momento en que Eleven se desvaneció, dejando tras de sí un silencio que ninguna llamada a las siete y cuarto de la tarde ha logrado romper. Sin embargo, la noche de Halloween en Hawkins no trae la redención que él esperaba, sino una grieta en su propia cordura. Bajo la lluvia implacable de 1984, Mike cree ver el milagro: una figura bajo una sábana blanca, pequeña y temblorosa, que parece haber surgido del mismo lodo de sus recuerdos. Pero cuando la tela cae y la luz de una farola intermitente revela el rostro oculto, el corazón de Mike no encuentra alivio, sino una punzada de algo que no sabe identificar, una sensación eléctrica y gélida que le recorre la columna vertebral.
No es Eleven. Es una chica de cabello largo, empapado y sucio, que posee una mirada cargada de una madurez traumática y una voz que, a diferencia del silencio de Ce, es capaz de articular el dolor con una claridad aterradora. Elisa no es un fantasma, es una advertencia. En su muñeca, el tatuaje del laboratorio no es una afirmación, sino una resta: un signo menos que precede al número once, marcándola como el experimento que nunca debió sobrevivir. Para Mike, Elisa es una intrusa, una anomalía que profana el recuerdo de la chica que amó; para Will Byers, ella es el eco protector que le permitió mantener la cordura en el Upside Down.