Rousitaa
Elara no cree en las historias que salen en las cámaras.
Trabaja en un colegio, tiene su vida ordenada y no necesita nada más.
Hasta que él aparece.
Él vive de las cámaras.
De las miradas.
De que todo el mundo crea conocerlo.
Pero Elara no.
Ella no se impresiona.
No se acerca.
No entra en su juego.
Y quizá por eso... él no puede dejar de mirarla.
Porque hay cosas que no se pueden fingir.
Y otras que solo existen cuando nadie está mirando.
Donde no hay cámaras, todo es más peligroso.
Y mucho más real.