nopalillo
"..¿Sang-Wook?"
Jae-Heon llama en la penumbra, con la voz suave y labrada por el amor. Cuando el niño en cuestión no contesta, gira su cabeza, sacando la mirada del hombro marcado.
Él está dormido, Jung resopla divertido y se vuelve a acomodar, los párpados pesados gracias al sueño que acecha junto a la luz de luna, la mano sana sube y trepa por el pecho amplio del chiquillo brusco, quedándose sobre los pectorales bien formados para mayor comodidad.
Encuentra consuelo a la inquietud que nace en su vientre, abrazado con el hombre de mirada gélida que de alguna manera lo ha atrapado. Aún pica bajo la piel, la ansiedad de algo que pasará pero no llega, algo invisible, una amenaza paciente.
Duermen juntos en su pequeña burbuja de comodidad, una maraña de brazos y piernas que se rozan con cariño y se aferran al más mínimo atisbo de calor.
Jae-Heon sabe que siempre hay calma antes de la tormenta.
Pero por ahora, su catalejo no las ha detectado.