zakuranavarro
-Dios exige una respuesta -tronó Miguel, cuya voz hizo vibrar los cimientos de la ciudad-. Adán ha muerto. El Cielo fue atacado por un invento pecaminoso. La redención es una teoría no probada. Se hará una prueba: elegiremos a un alma, la más oscura, y si no encontramos en ella ni un rastro de bondad genuina, el Diluvio de fuego limpiará este lugar para siempre.
La mirada de los Arcángeles se posó en la figura más inquietante de la sala.
-Él -señaló Gabriel-. Que el monstruo que devora almas hable.
La Confesión de la Radio
Pero Alastor no miró a Lucifer. Ni siquiera miró a Charlie.
Alastor se quitó el monóculo. Su sonrisa, usualmente una máscara de dientes afilados, se suavizó en algo humano, casi melancólico. Se acercó a la silla de ruedas tecnológica donde Vox, el ser que supuestamente era su archienemigo, lo miraba con estática de puro terror y confusión.
Alastor se arrodilló. Tomó la mano enguantada del televisor y, con la elegancia de un caballero de otra época, depositó un beso en sus nudillos. Cuando habló, el filtro de radio desapareció. Su voz era profunda, aterciopelada y cargada de una verdad que nadie en milenios había escuchado.
-Si Dios busca bondad en un monstruo, no la encontrará en mis actos de caridad fingida, sino en el secreto que me ha mantenido cuerdo en este pozo de iniquidad -comenzó Alastor, su mirada fija en los ojos digitales de Vox.
"Se nos dice que el amor es una virtud de la luz, pero yo lo conocí en las sombras de la envidia y el ruido eléctrico. Vox, me pides que confiese mi mayor pecado, y mi pecado es haberte amado cuando mi alma ni siquiera me pertenecía. Todos creen que mi desaparición de siete años fue un retiro de poder, un juego de sombras. La verdad es que mi alma estaba encadenada, era esclavo de una fuerza que quería devorar este mundo, y yo sabía que el día de mi liberación llegaría. Pero en esa oscuridad, mi único miedo no era el dolor eterno, sino que t