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¿Quién osa afirmar que nuestro sino se selló en una mera cena?
En un reino donde las coronas pesan tanto como las tradiciones, las pasiones se desatan y los corazones laten al compás de un deseo inesperado. Dos almas, una marcada por el deber y la otra por la curiosidad, se encuentran en un torbellino de sensaciones. Un beso que rompe barreras, un contacto que enciende la piel y un perfume que envuelve el alma, todo se fusiona en un instante de entrega total, desmantelando formalidades y dudas.
La realidad se impuso, separándonos abruptamente. Sin embargo, nuestros pensamientos continuaron su viaje a "través de kilómetros", filtrados en cartas que se convirtieron en el único puente entre nuestros mundos. Cada palabra escrita era un anhelo, cada confidencia un suspiro, tejiendo una red invisible de esperanzas que mantenían viva la llama de un amor nacido en la tinta y encendido en la piel, a la espera de un rencuentro. Solo esperábamos no quedar atrapados a través de kilómetros.