pudorAbsoleto_
Durante años, el mundo conoció a Chichi como el motor de la casa Son: la mujer que gritaba por los estudios, la que cocinaba banquetes infinitos y la que esperaba, siempre esperaba, a que un esposo guerrero regresara de la muerte o del entrenamiento. Pero tras esa fachada de disciplina, había una mujer que se sentía marchitar en el aislamiento de la Montaña Paozu.
La historia comienza en el vacío. Con Goku ausente y Gohan creciendo hacia su propia vida, Chichi empezó a notar el silencio de la casa. Sus sentimientos no nacieron de la malicia, sino de una carencia emocional devastadora.
Lo que empezó como un agradecimiento se transformó rápidamente en una obsesión romántica. Chichi, en el fondo de su instinto, sospechaba de la familiaridad de ese héroe, pero eligió no saber. Prefirió la mentira que la hacía sentir amada a la verdad que la devolvía a su soledad.
Gohan, atrapado en su propia nobleza, no pudo negar ese consuelo. Al ver a su madre recuperar el brillo en los ojos, aceptó encarnar esa fantasía, cruzando una línea donde el deber de hijo se mezcló con la compasión más absoluta, llevándolos a ambos a un juego de sombras donde la intimidad se convirtió en el único lenguaje para sanar sus heridas.