crepusculo_
Mike se quedó parado, la mano en la manilla mientras miraba a Michael, al hombre delante de él: flacucho, casi escuálido, pálido como un cadáver y cubierto de cicatrices espantosas. Algunas cicatrices eran más largas y otras más cortas, algunas más profundas que otras. Los relieves de ciertas eran más marcados que otras. Quemaduras de un tono rosado, piel casi blanca en otros puntos, quemaduras circulares, horizontales, verticales. Sus ojos vagaron a los de Michael Afton, quien estaba frente al espejo, las manos en el pecho como si eso lo hiciera invisible, y en sus brazos había más cicatrices, al igual que en sus piernas flacas.
Sus ojos estaban abiertos de par en par. Su rostro se contraía en una mueca de terror. Labios temblorosos le susurraron un «vete» que Mike, a pesar de todo, ignoró.