smotthered
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Draco llega con su esposa del brazo. Harry ya está en la fiesta, fingiendo que el vino lo ha alegrado.
Nadie sospecha nada. Son solo dos aurores, compañeros, viejos rivales que aprendieron a reírse juntos. Pero detrás de una cortina roja, en un balcón demasiado pequeño, hay dedos temblando por costumbre y labios que ya no saben despedirse.
Vuelven a tocarse como si el mundo no fuera a romperse al amanecer, como siempre lo hace.
No hay rincón seguro para el deseo que no debe ser, porque alguien siempre levanta la cortina.