Rihana276
El mundo mágico había aprendido a respirar de nuevo.
Las cicatrices de la guerra ya no ardían como antes, pero seguían ahí, invisibles, recordando que la paz no era un regalo eterno, sino una promesa que debía cuidarse.
Diecinueve años después de la Batalla de Hogwarts, el castillo seguía en pie, orgulloso y antiguo, observando cómo una nueva generación cruzaba sus puertas. Hijos e hijas de héroes, sí... pero también de magos anónimos, familias olvidadas y linajes que jamás aparecieron en los libros de historia.
Entre ellos caminaban Albus Potter, cargando un apellido demasiado grande; Rose Granger-Weasley, brillante y decidida; Scorpius Malfoy, marcado por un pasado que no eligió; y otros nombres que aún no sabían el peso que tendrían en el futuro.
Y entonces estaba Aelirya Selene Ravenshade.
No era famosa.
No venía envuelta en leyendas ni expectativas ajenas.
Pero había en ella algo antiguo, como si la magia misma la reconociera. Observaba más de lo que hablaba, escuchaba más de lo que decía, y cuando pensaba... el aire parecía detenerse un instante.
Las hadas -esas criaturas casi olvidadas, relegadas a cuentos y notas al pie- habían empezado a inquietarse. Algo despertaba en los márgenes del mundo mágico, algo que no pertenecía ni al pasado ni al presente. Una magia distinta, más sutil, más profunda... una magia que respondía a las emociones, a los vínculos, al amor y a las decisiones.
Mientras Hogwarts abría nuevamente su Gran Salón para recibir a los estudiantes, nadie notó cómo una luz tenue danzaba entre los árboles del Bosque Prohibido.
Las hadas sí lo sabían.
La historia no había terminado.
Solo había aprendido a empezar de otra forma.
Y esta vez, no sería solo una historia de guerra...
sino de elección, magia antigua y romances capaces de cambiar destinos.