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Gerónimo siempre fue un pibe que se salía de la norma. Mientras el resto de los chicos de La Rioja se perdían entre la joda, el humo y las madrugadas borrachas, él prefería las noches tranquilas en casa de Lilen, mate tibio y alguna charla eterna con Lucas sobre cine. Hijo de una familia de clase media, de esas que viven con lo justo pero con dignidad, Gerónimo cargaba una calma que parecía venirle de nacimiento, como si nada pudiera romperle el ritmo del pecho.
Pero esa paz se quebró una de las pocas noches lluviosas de febrero. Iba cruzando la calle Pelagio B. Luna, justo frente al cine donde había quedado en encontrarse con Lucas para ver la nueva película de Nolan, cuando una presencia sin forma clara y un silencio demasiado lleno le rozó la espalda. Fue apenas un segundo, una brisa helada en un verano que tendría que haber sido sofocante. Y sin embargo, desde ese instante, algo en esa noche lluviosa cambió para siempre.
Advertencia de contenido: Esta obra contiene lenguaje explícito, descripciones gráficas y escenas de violencia que pueden resultar perturbadoras para algunos lectores. Se recomienda discreción.