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Dicen que el primer amor nunca se olvida.
Yo digo que eso depende de qué tan bueno sea haciendo mi trabajo.
Hace tres años, dos adolescentes dejaron su historia a la mitad en un salón de secundaria. Sin despedidas. Sin promesas. Sin un "nos vemos". Solo siguieron caminos distintos creyendo que jamás volverían a cruzarse.
Él terminó vistiendo la camiseta de la Selección Mexicana.
Ella consiguió un trabajo de verano durante el Mundial.
Y yo... bueno, yo nunca cierro un expediente hasta que la historia termina como debe.
Mientras unos futbolistas se enamoran de cantantes, unos amigos hacen de cupidos y medio México inventa teorías en internet, yo tengo otro asunto pendiente: recordarles a Gilberto Mora y a Ximena que algunas personas no llegan a tu vida por casualidad.
Llegan porque, tarde o temprano, siempre encuentran el camino de regreso.
Atentamente,
El Destino.