akariiitzumi
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He pasado suficiente tiempo en el mar para saber que existen cosas contra las que un hombre no puede luchar.
Una tormenta.
Una corriente demasiado fuerte.
Una ola capaz de partir un barco por la mitad.
Con los años aprendes a reconocerlas. A observar el cielo antes de zarpar, a escuchar el viento, a desconfiar de un océano demasiado tranquilo.
Aprendes cuándo avanzar.
Y, sobre todo, cuándo retroceder.
Creía que era bastante bueno en eso.
Hasta que conocí a Aarón.
La primera vez que escuché su nombre acompañado del mío fue por una orden.
El príncipe Aarón partiría en busca del Corazón de las Mareas y yo formaría parte de la expedición encargada de llevarlo y traerlo de regreso con vida.
Parecía sencillo.
Al menos sobre el papel.
El Corazón de las Mareas llevaba siglos perdido. Para algunos era una reliquia. Para otros, un tesoro. Para mí, no era más que el motivo por el que tendría que atravesar medio mundo cuidando de un príncipe que probablemente jamás había tenido que preocuparse por mantenerse con vida.
No podía estar más equivocado.
Aarón no necesitaba que nadie le enseñara a meterse en problemas.
Tenía un talento natural para ello.
Era curioso cuando debía ser prudente, terco cuando debía escuchar y parecía considerar las órdenes como simples sugerencias que podía ignorar si encontraba una alternativa más interesante.
Y yo cometí el error de creer que podría controlarlo.
Porque Aarón era un príncipe.
Un omega.
Mi responsabilidad.
Lo que todavía no entendía era que algunas personas no llegan a tu vida para ocupar el lugar que les asignas.
Llegan para arrasarlo todo.
Durante mucho tiempo pensé que el mar sería lo más impredecible que conocería.
Me equivoqué también en eso.
El mar al menos avisa.
Aarón no.
Y cuando finalmente comprendí que aquel príncipe podía arrastrarnos a todos con él, ya era demasiado tarde para regresar a tierra.
Después de todo, nadie puede detener un tsunami u