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Érase una vez un país pequeño pero próspero, sin nada que envidiarle a los grandes reinos a su alrededor, pues aunque las tierras fueran pocas, los granjeros las trabajaban con esfuerzo y el Rey las administraba con empeño.
Sin embargo, no estaban a salvo de las intrigas de la corte; sin Reina a su lado, la sucesión del trono dependía de la única hija que habían logrado concebir... quien desapareció sin dejar rastro, salvo por una única pista: el dragón del bosque.
Preocupado por la situación, el Rey reclutó a los hijos mayores de las familias para formar un ejército provisorio para buscarla mientras organizaba a sus tropas en caso de cualquier conflicto.
Las reacciones del pueblo a la noticia fueron diversas, pero sólo una persona decidió tomar cartas en el asunto: Bartholomew Rolnik, granjero local, se puso como meta encontrar el paradero de la princesa antes de que sea demasiado tarde.