Laprincesadelaire
Nicolás ha visto fundarse a su país, caer gobiernos y desaparecer personas.
No duerme. No envejece. Escucha confesiones ajenas para no enfrentarse a las propias.
En una Buenos Aires que ya no reconoce, cíclica y agotadora, sobrevive alimentándose de lo que otros callan.
Porque hay cosas -como el miedo o el amor- que nunca aprenden a decirse en voz alta.