Mis libros 📚
3 stories
Tenshi // Ana K.  by anii_krl
anii_krl
  • WpView
    Reads 12
  • WpVote
    Votes 12
  • WpPart
    Parts 12
​En el mundo de la alta sociedad y el arte, el silencio no es solo ausencia de ruido; es una moneda de cambio. Para ella, el trato era simple, aunque inquietante: una mansión de paredes blancas, una cuenta bancaria llena y una regla inquebrantable que no permitía excepciones. ​"Ni una sola palabra. Ni un suspiro. Ni un ruego." ​Bajo la mirada gélida y obsesiva de un hombre que prefiere observar antes que poseer, ella se convierte en su Tenshi: un ángel atrapado en una jaula de lujos y telas transparentes. Cada mañana, un nuevo atuendo espera sobre su cama; cada noche, la presencia de él acecha desde las sombras, evaluando su obediencia, desafiando su voluntad. ​En este juego de poder, el habla está prohibida, pero el cuerpo tiene su propio lenguaje. Ella aceptó el contrato por necesidad, pero pronto descubrirá que el silencio tiene un peso sofocante... y que la mirada de su captor es capaz de desnudar mucho más que su piel.
The Grafting Trials // Ana K.  by anii_krl
anii_krl
  • WpView
    Reads 4
  • WpVote
    Votes 4
  • WpPart
    Parts 8
​El cielo sobre el Sumidero de Médula nunca era azul; era del color de un moretón infectado, una mezcla de violeta y gris químico que goteaba una lluvia ácida sobre los tejados de chapa. Aquí, nacer era una sentencia de desmantelamiento. A los dieciocho años, dejabas de ser una persona para convertirte en un inventario de piezas. Todo era un maldito juego de ajedrez, en donde nosotros somos los peones y en donde el rey enemigo debe caer.
Carnival Crimson // Ana K.  by anii_krl
anii_krl
  • WpView
    Reads 69
  • WpVote
    Votes 36
  • WpPart
    Parts 18
La lluvia golpeaba el cristal del coche como mil dedos impacientes, borrando el camino frente a Mía. Se había desviado de la carretera principal buscando ese "ángulo perfecto" que solo el campo nocturno podía ofrecer a su cámara, pero el mapa de su teléfono se había convertido en un rastro de píxeles muertos. ​Cuando el motor tosió y se detuvo en mitad de un sendero de barro, el silencio que siguió fue absoluto. Fue entonces cuando las vio: luces. ​Pequeñas bombillas amarillentas y parpadeantes dibujaban la silueta de unas carpas que se alzaban contra el cielo negro como colmillos de lona. Parecía un espejismo, un circo olvidado que el tiempo había decidido escupir en mitad de la nada. Sin otra opción y con el frío calándole los huesos, Mía bajó del coche. ​El suelo del campamento era una mezcla de serrín y lodo que amortiguaba sus pasos. No había música, ni risas, ni el olor dulce del algodón de azúcar. Solo el chirrido de una polea oxidada y el olor a humedad. ​Mía se detuvo frente a la entrada de la carpa más grande. Una cortina de terciopelo rojo, pesada y polvorienta, la separaba del interior. Algo en su pecho le advirtió que diera media vuelta, que volviera a la seguridad de su coche cerrado, pero la curiosidad de la fotógrafa fue más fuerte. ​-¿Hola? -susurró, pero su voz se perdió en el viento. ​Apartó la lona. Un paso fue suficiente para cruzar la frontera entre su vida normal y el infierno. Un paso fue lo único que necesitó para ver lo que nadie debería ver, y para que la mirada de un extraño -fría, hermosa y mortal- se clavara en ella, sellando su destino antes de que pudiera dar el primer paso para huir.