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En un salón del trono cargado de tensión, dos reyes enfrentados se miran a los ojos: Steve, con su corona de oro aún caliente y el peso de la culpa, y Eddie, transformado en una figura oscura con una corona viva de espinas negras que sangran.
Entre ellos solo hay tres pasos, sangre en el mármol y un pasado compartido de besos robados y promesas rotas.
Cuando Edward toma la barbilla de Steve y sus coronas se rozan, el beso que no llega es más que una amenaza: es la prueba de que, a pesar de la guerra, las traiciones y las ruinas, sus corazones siguen latiendo al mismo ritmo maldito.
La paz nunca llegó.
Solo cambió de forma y ahora lleva dos coronas.