sunriseeyes7
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El septón alzó la voz y el murmullo se apagó como una vela ahogada.
-¿Vienes tú, Jaime de la Casa Lannister, a tomar a esta mujer por esposa, a guardarla y protegerla, a amarla y honrarla, en esta vida y en la venidera?
Jaime sostuvo mi mirada.
-Sí.
La palabra cayó pesada, irrevocable.
El septón se volvió hacia mí.
-¿Vienes tú a tomar a este hombre por esposo, a compartir su nombre y su destino, desde este día hasta el fin de tus días?
Sentí el temblor en las manos, pero respondí sin vacilar.
-Sí.
El septón tomó la capa carmesí y habló con solemnidad.
-Con esta capa te cubro y te uno a la Casa Lannister. Ante los Siete y ante los hombres, los declaro marido y mujer.
Jaime colocó la capa sobre mis hombros. El león dorado brilló bajo la luz de las velas.
Entonces llegaron los aplausos. Primero inseguros, luego más firmes, como si la corte necesitara convencerse de que aquello era real. Sonrisas educadas, voces de aprobación, felicitaciones vacías.
Pero al mirar hacia los Lannister, el aire cambiaba. Cersei no aplaudía. Su rostro era una máscara rígida, tensa, como si el sonido no le alcanzara. Tyrion dio un aplauso breve, lento, con los ojos fijos en el suelo. Tywin no se movió en absoluto.
Miré a Jaime, ahora mi esposo. La luz del sol caía sobre su cabello dorado y, por un instante cruel, pensé en cuántas mujeres habrían dado cualquier cosa por ocupar mi lugar. Yo no podía. No así. No de esta forma. Me sentía tonta... una niña tonta, atrapada en algo que no comprendía del todo.
-No me mires así -murmuró él-, como si yo tuviera la culpa. Por favor.