XxAzra7u7xX
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El destino... qué palabra tan hueca y tan pesada a la vez.
A veces pienso que no es más que un péndulo uno que se mueve entre el dolor y el tedio, como dijo algún filósofo que seguramente estaba tan cansado como yo.
Me dio a una mujer que era casi un silencio hermoso, una pausa necesaria en medio del ruido. Y luego me la quitó con la misma facilidad con la que uno apaga una vela.
Supongo que así funcionan las cosas cuando nadie te promete permanencia.
Ella nunca habló de despedidas, pero había algo en cómo me miraba, algo en esa ternura casi sospechosa... como si supiera que ella tenía fecha de caducidad y aun así decidiera abrazarme igual.
La noche antes del final, dejó caer unas palabras que no han dejado de morderme desde entonces.
No sé si era un consejo, una súplica o simplemente su manera de decir "cuídate, porque yo ya no voy a poder".
"Sé fuerte, sé valiente... y ten coraje, incluso cuando el miedo quiera detenerte."
Hay algo casi cruel en esas palabras.
Se sufre porque se entiende, y se entiende porque se vive.
Una cadena de desgracias lógicas.
Luego apareció ella... Ojos azules sin promesa, alma hecha de grietas. No necesito su historia. El sufrimiento siempre se reconoce: es el mismo animal con otro rostro.
No respondo a su dolor por bondad; la bondad es apenas una superstición útil. Respondo porque hay algo en ella que revela mi propia ruina.
Tal vez el péndulo se mueve de nuevo.
Tal vez nunca dejó de hacerlo.
Y aquí estoy, atrapado otra vez en un pensamiento que no pedí, sostenido por una frase que ya no creo, acompañando a alguien que tampoco pidió ser destruida.
Así funciona este teatro sin guion:
uno vive, entiende, sufre...
y el péndulo continúa.
La mayoría de los personajes así como gran parte de la historia pertenecen a Hajime Isayama