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La Dama Rebelde en la mansión, Candy sigue siendo la misma niña que trepa árboles con vestidos de seda, que mete animales rescatados a escondidas en su habitación y que se ríe a carcajadas en las cenas elegantes.
Los Brighton intentan civilizarla, pero Candy los conquista con su carisma natural. Sin embargo, esto le trae problemas con la alta sociedad, que la ve como una excéntrica.