lily_f1ka
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Los pasillos del colegio siempre estuvieron llenos de un ruido sordo, pero para Oliver, todo el bullicio se reducía a un susurro lejano cada vez que Kimi caminaba cerca. Oliver lo observaba en silencio, reteniendo el aliento, guardando cada mirada furtiva y cada sonrisa a medias en el rincón más secreto de su pecho. Durante años sintió ese ardor constante, esa necesidad casi dolorosa de confesarse, pero el miedo al rechazo y la posible perdida de su amistad hicieron que los días pasaran sin una sola palabra reveladora. Con el tiempo, el colegio quedó atrás, las rutinas cambiaron y aquel sentimiento ardiente fue apagándose gradualmente, convirtiéndose en un recuerdo empolvado que Oliver creyó haber olvidado para siempre.
Los años pasaron y Oliver se fue a Inglaterra por problemas familiares, dejando atrás su vida en Italia . Era una tarde cualquiera, cubierta por una luz dorada de atardecer en el departamento compartido de su universidad. Cuando sonó la puerta indicando que su compañero de cuarto había llegado no se esperaba ver ese figura de rulos despeinado, mirada angélical y ojos llenos de ternura. Era él. Era Kimi.
Después de años sin saber de él lo tenía al frente, era real, tan real que se sentía aterrador. Después de creer que sus sentimientos habían sido olvidados en lo más profundo de su ser, al verlo, sus sentimientos volvieron a renacer.
Lo que Oliver jamás supo fue que el hilo de este destino se había tejido mucho antes del colegio, Oliver era aquel chico de la casa contigua que sonreía al sol, la persona de la que Kimi se había enamorado en silencio desde la primera vez que lo vio. En el colegio, Kimi había estado deseando desesperadamente ser quien tomara su mano, pero la cobardía lo mantuvo mudo.
Esta vez, sin embargo al tener a Oliver del otro lado de la puerta sintió una chispa de emoción y esperanza ya que el destino estaba uniendo a dos almas que estaban destinadas a estar juntas.