K_lxie
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Las baldosas del suelo eran tan blancas que dolía mirarlas.
Cuatro paredes grises.
Una puerta cerrada.
Lo único que rompía aquella imagen monótona eran las flores negras pintadas en las paredes, demasiado detalladas para ser simples adornos.
Me sentía como una oveja: encerrado, numerado, esperando a que alguien decidiera cuándo podía moverme.
En la mejilla, escrito con rotulador negro, había un número que no recordaba haber tenido nunca.
No estaba solo.
Y nada de aquello parecía un error.