yokitoovalle
Cuando el Gremio de Aventureros de Última Instancia descubre un pergamino profético tan mal escrito que parece redactado por un goblin con resaca, nadie le da importancia.
El problema es que las profecías no necesitan tener sentido para cumplirse, solo necesitan ser lo suficientemente ambiguas como para arruinarle la vida a alguien.
Ese alguien es Finn, un aventurero de rango F cuyo mayor logro hasta ahora ha sido sobrevivir a una mazmorra para principiantes (técnicamente, porque se perdió en la entrada y nunca llegó a entrar). Junto a él están Lena, una maga que confunde regularmente los hechizos de curación con los de explosión; Torben, un guerrero bárbaro obsesionado con la poesía romántica; y Sombra, una ladrona elfa.
Según la profecía (si alguien logra descifrarla), este grupo debe "encontrar el algo perdido en el lugar donde no está, derrotar al que no debe ser nombrado (porque nadie recuerda su nombre), y salvar al mundo... o no, depende de cómo se interprete el tercer párrafo".
Lo que sigue es una aventura de malentendidos, mazmorras que desafían toda lógica, encuentros con dioses menores, trampas que funcionan al revés, tesoros malditos y la búsqueda desesperada de alguien, cualquiera, que pueda explicarles QUÉ DEMONIOS SE SUPONE QUE DEBEN HACER.
Salvar al mundo es difícil. Salvar al mundo cuando ni siquiera entiendes qué estás salvando es prácticamente imposible. Y hacerlo sin destruir tres ciudades en el proceso... bueno, nadie dijo que los héroes tenían que ser competentes, solo afortunados.