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Harry Potter no es solo el hombre más poderoso e influyente del mundo mágico: es un Alfa de voluntad de hierro, y lo que le pertenece, lo defiende con uñas y dientes. Severus Snape y Lucius Malfoy son sus Omegas, suyos y de nadie más -y él se encarga de que todos lo sepan. Su aroma a chocolate oscuro y café los envuelve, los marca y los protege, equilibrando la dulzura a fresa y crema de Severus y la vainilla suave de Lucius. Cuando Dumbledore, Hermione y Ron intentan juzgarlos, separarlos o decirle a quién debe amar, Harry no duda: su posesión no es una cárcel, es refugio. Nadie toca lo que es suyo, nadie se interpone entre ellos, y nadie los alejará de
Soy el dueño de todo... y ellos son lo único que realmente me importa. Harry, Alfa y magnate absoluto, tiene en Severus y Lucius a sus dos Omegas: los cuida, los reclama y los protege con una intensidad que no admite dudas. Son suyos, su hogar, su paz, su debilidad más preciada. Ante las críticas y la oposición de antiguos aliados convertidos en enemigos, Harry deja una cosa clara: lo que es mío, se queda conmigo. Y nadie, bajo ninguna regla o juicio, me los va a quitar.
Poder, lealtad y una posesión que no pide permiso. Harry Potter lo tiene todo, pero solo sus dos Omegas -Severus y Lucius- llenan su mundo. Los marca con su aroma, los defiende de todo y de todos, y no acepta que nadie cuestione su lugar a su lado. Dumbledore, Hermione y Ron intentarán separarlos, pero él ya decidió: son míos, y yo soy suyo. Contra el mundo entero si hace falta.