Santiald
No todo en la vida es eterno. Erizo lo aprendió demasiado pronto, cuando la pérdida de alguien muy querido la dejó con cicatrices. Aquel accidente no solo le arrebató a esa persona, sino también una parte de sí misma. Desde entonces, su mundo se volvió más frío, su sonrisa más escasa, y la distancia con los demás, incluidos sus propios padres, se hizo cada vez mayor.
Pero, como en una ecuación inesperada, la vida le presenta otra incógnita: un chico que también carga con la sombra de una ausencia. Al igual que ella, ha aprendido a construir muros en lugar de puentes. Sin embargo, el destino (o quizás sus familias) se encarga de cruzar sus caminos.
Y, poco a poco, entre esos momentos compartidos y miradas que se entienden sin palabras, descubren algo que las matemáticas han dicho siempre: cuando juntas dos números negativos, el resultado puede sorprenderte... porque incluso en la pérdida, hay espacio para encontrar un nuevo motivo para sonreír