Dulce_de_Luna
Sanemi temblaba de rodillas sobre las sábanas de seda, el pulso latiéndole en las sienes como un tambor de guerra. El lujo de esta casa lo ahogaba, un recordatorio de lo que había vendido por sus hermanos: su cuerpo, su dignidad, grabada en videos que lo perseguían como fantasmas. Pero ahora, con Gyomei tan cerca, el miedo se mezclaba con un deseo crudo que le quemaba las venas.
Gyomei lo tocaba con esa intensidad ciega que lo despojaba, sus manos enormes aferrándolo por la cintura, atrayéndolo contra su pecho macizo.
-¿De verdad quieres esto? -gruñó Gyomei, su voz ronca como un trueno, su aliento caliente rozando el cuello de Sanemi mientras lo besaba con fiereza, mordisqueando su labio inferior.
Sanemi tragó un sollozo, su cuerpo traicionándolo con temblores de excitación virgen. Nunca había estado con un hombre. Nunca había sentido ese anhelo desesperado que lo partía en dos: terror puro y lujuria abrasadora. Quería a Gyomei, lo necesitaba como aire, pero el pánico gritaba que era solo otro intercambio.
-Sí... -susurró, aferrándose a los hombros de Gyomei como un náufrago. Temblaba tanto que sus dientes castañeteaban, pero su cadera se arqueó instintivamente contra la dureza de Gyomei, traicionando su hambre oculta.
Gyomei lo devoró en un beso brutal, lengua invadiendo su boca con urgencia salvaje. Una mano se coló bajo su camiseta, dedos acariciando su espalda, dejando un rastro que ardía deliciosamente. La otra descendió, apretando su trasero con fuerza posesiva, frotándose contra él en un ritmo desesperado que hacía gemir a Sanemi.
-Si quieres que pare, solo dilo -jadeó Gyomei contra sus labios hinchados, pero la mente de Sanemi decía lo contrario: no pares. Su mano libre se enredó en el cabello de Sanemi, tirando con fuerza para exponer su garganta, besándola con dientes que rozaban la yugular.
Sanemi cerró los ojos, lágrimas calientes rodando por sus mejillas. Sabía que no pediría parar. Quería que Gyomei lo re