IssacMY
La guerra había terminado.
Hogwarts seguía en pie, pero el mundo mágico no volvió a ser el mismo. Las paredes del castillo guardaban cicatrices invisibles; el aire, aún cargado de ceniza y memorias, parecía susurrar nombres que nadie quería pronunciar.
Lestrange era uno de ellos.
En una mansión olvidada por el sol, al norte de Inglaterra, un niño aprendía a caminar entre sombras que no comprendía.
Maximus Orion Lestrange no recordaba el rostro de su madre.
Solo su risa.
No era un recuerdo real, sino algo que vivía en la sangre. Una vibración que le recorría los huesos cuando la ira lo rozaba, cuando el miedo intentaba doblarlo, cuando la magia -oscura, densa, antigua- respondía a sus emociones con demasiada facilidad.
La gente hablaba de Bellatrix Lestrange en susurros.
Asesina. Fanática. Devota hasta la locura.
Algunos, en voz aún más baja, decían otra cosa.
Decían que su nacimiento no fue casualidad.
Que fue un legado.
Un experimento.
Una promesa.
Max creció entre retratos que no lo miraban con cariño, sino con expectativa. Entre paredes que parecían juzgarlo por no ser suficiente... o por ser demasiado.
A los once años, la carta llegó.
El sobre llevaba el sello de Hogwarts.
El apellido, escrito con tinta esmeralda, parecía más pesado que el papel mismo.