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Ella solo quería venganza.
Recordaba en sus sueños lo que le habían hecho.
Por ellos, ella había perdido todo.
Su vida, el fruto que cargaba y amaba, la credibilidad en el amor y la pureza.
Iza, no iba a perdonar a Leonard Duncan, ni mucho menos a Augusto Geoffrey.
O eso quería creer, porque entre las llamas de la pasión, del deseo y del amor, aunque se encontrara el dolor, había esperanzas.
La antigua Aziza había muerto con el propósito de cobrar todo aquello.
La nueva Iza, entendía que no podía controlar a su corazón.
¿Quién ganaría la lucha? No lo sabía.