stachama
Hay personas que llegan a tu vida como un color inesperado.
No irrumpen.
No hacen ruido.
No piden permiso para quedarse.
Aparecen en un gesto mínimo, en algo que podría pasar desapercibido para cualquiera. Un dibujo entregado sin intención de conquista. Una mirada que no mide. Una presencia que no exige.
Durante mucho tiempo creí que el amor era una recompensa.
Algo que se ganaba si uno se esforzaba lo suficiente, si se hacía más pequeño, más aceptable, más fácil de elegir.
Nadie me dijo que también podía ser refugio.
Esta no es una historia sobre ser salvada.
Es una historia sobre aprender a no esconderse.
Sobre cuerpos que han sido juzgados.
Sobre almas cansadas de ser reducidas a una primera impresión.
Sobre dos personas que no se buscaban y, aun así, se encontraron en el lugar exacto donde el dolor aprende a transformarse.
A veces, todo empieza con algo simple.
Un trazo.
Un silencio compartido.
Un día cualquiera que, sin saberlo, se convierte en el inicio de todo.