Orynth_
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Cuando el amor deja de ser refugio y se convierte en jaula, ya no se llama amor: se llama dependencia.
Aveline Morrigen, hija de una casa menor sin peso ni escudos que la protegieran, creyó haber sido elegida.
Aerion Targaryen no la miró como se mira a cualquiera; la miró como se observa algo que se desea poseer. Y eso fue suficiente para que ella confundiera el fuego con calor, la atención con afecto, la obsesión con destino.
Al principio, todo fue hermoso en su mente. Cada palabra de él era una promesa no dicha, cada gesto una ilusión. Aveline comenzó a existir solo en función de Aerion: pensaba como él, esperaba por él, se medía a través de sus ojos. El mundo se redujo a su voz, a su aprobación, a la necesidad enfermiza de no perderlo. No lo amaba: lo idealizaba. Y en esa idealización, se fue borrando a sí misma.
Aerion, príncipe engreído, arrogante y cruel, entendió rápido el poder que tenía. No necesitó cadenas; bastó con silencios. No necesitó golpes; bastó con palabras afiladas. La hacía sentir pequeña cuando quería, visible solo cuando le convenía. Le daba migajas de ternura para luego retirarlas, enseñándole que el amor debía doler para ser real. Y Aveline aprendió. Aprendió a justificarlo, a perdonarlo, a culparse.
Cuando por fin vio la verdad, ya era tarde. Amar a Aerion había dejado de ser una elección. Era una necesidad. Un vacío que solo él podía llenar y que él mismo se encargaba de abrir. Sabía que era el peor error de su vida, sabía que la estaba destruyendo, pero aun así se aferraba a él con la desesperación de quien se ahoga y abraza la piedra que lo hunde.
Aerion no la amaba. La poseía.
Y Aveline, aun consciente de ello, no sabía cómo soltarlo sin perderse por completo.
༄ Los personajes no me pertenecen respectivos derechos y creditos a su respectivo autor
༄ Actualizaciones serán del tiempo que disponga