IanBones1988
Hay momentos que no parecen importantes cuando ocurren.
No llevan música de fondo ni anuncios grandilocuentes. Simplemente pasan... y años después entendemos que ahí empezó todo.
Durante mucho tiempo creí que escribir era una forma elegante de huir.
Un refugio para decir lo que no me atrevía a pronunciar, una excusa para sentir sin tener que actuar. Escribía esperando algo: aprobación, cariño, una respuesta que nunca llegaba del todo. Tal vez por eso siempre confundí lo que quería con lo que necesitaba.
Esta no es una historia de amor, aunque esté llena de él.
Tampoco es una historia de derrotas, aunque duela. Es la historia de aprender a mirar distinto: a las personas, a las palabras y, sobre todo, a uno mismo.
Hubo quienes estuvieron siempre ahí y no supe ver.
Hubo quienes llegaron tarde, cuando ya no hacían falta.
Y hubo una voz -lejana, crítica, incómoda- que sin saberlo me obligó a crecer.
Nada ocurrió como lo imaginé.
Y quizá por eso ocurrió como debía.
Escribí esperando ser leído.
No para gustar, no para ganar, no para quedarme con nadie.
Solo para no desaparecer en el ruido.
Si alguna vez te aferraste a una ilusión que parecía hermosa, pero pesaba demasiado, si alguna vez llegaste tarde a una verdad que ya intuías, o si alguna vez descubriste que el mundo no se detiene solo porque tú aún no decides... entonces quizá esta historia también hable un poco de ti.
Esto es Falsas Esperanzas.
No porque sean mentiras,
sino porque a veces creemos que la esperanza está en el lugar equivocado.
Y aun así... seguimos adelante.