Amortes22
Hay algo en las dos horas de viaje que afloja la lengua de los desconocidos. Ocurre casi por inercia: dos personas compartiendo un par de metros cuadrados en movimiento hasta que el silencio decide romper. El hombre a mi lado comenzó a hablar y, a los pocos minutos, me estaba entregando una experiencia que en cualquier otro contexto habría sonado irreal, casi fantasiosa. Sin embargo, mientras lo escuchaba con el cuerpo inclinado hacia sus palabras, una certeza incómoda comenzó a abrirse paso en mi pecho: "no mentía". Lo supe no por la lógica de su relato, sino porque, sin saberlo, estaba traduciendo en voz alta uno de mis anhelos más profundos.