Sunnyex
A veces solo necesitamos un pequeño empujón para darnos cuenta de sentimientos que, quizá, siempre estuvieron ahí. Pero que nunca aceptariamos sentir.
Ese empujón puede llegar de muchas formas. Pero, en esta ocasión, un poco de alcohol que aflojara la lengua sería más que suficiente para terminar en aquella situación.
-Eres molesto.
-¿Y crees que tú no?
Respondió Alastor a Lucifer mientras compartían un brindis por el reciente éxito del hotel.
-Aún no entiendo por qué te acercaste a mi hija... pero sé que no es para nada bueno.
-Me juzgas sin conocer mis verdaderas intenciones, Lucifer.
-Si te atreves a hacerle algo a Charlie, créeme que te destrozaré.
-No lo haría... por ahora. Pero, en fin, deberías dejar esa copa. En tu aliento se nota que bebiste demasiado.
-Dámela. Aún es temprano.
-No quisiera lidiar con los desastres de un rey alcoholizado, así que olvídalo.
-Alastor, dámela, joder.
Lucifer se abalanzó sobre Alastor en un intento de arrebatarle la copa. En el forcejeo, ambos terminaron cayendo al suelo, con Lucifer encima de él.
-Quítate de encima, Lucifer.
-Tú empezaste. Debiste darme la copa.
Intentó levantarse, pero el alcohol en su cuerpo no se lo facilitaba.
En su torpe intento, volvió a caer... esta vez sin ninguna intención, y quizá por simple obra del destino.
Sus labios chocaron.
Sus miradas se encontraron, fijas, sorprendidas.
Tal vez fue el alcohol que tensó el ambiente... o tal vez alguna excusa que ambos querrían darse después
Pero un beso inesperado surgió.
Quién diría que aquel beso, casual, accidental, nacido de un error... se convertiría en el primero de muchos..