CamilaD534
Cassiel nunca creyó que, luego de la muerte de su madre, su corazón la guiaría a la fosa que engulliría todo su destino y le recordaría que su existencia fue, al igual que la de cada bastardo, marcada con la semilla del pecado desde antes de su nacimiento.
Pero así fue, y la persona que parecía reencarnar dicho recordatorio no era nadie más ni nadie menos que el mismísimo heredero de Rocadragón, cuyos cabellos oscuros reflejaban el mismo pecado que corría por las venas de cada vástago ilegítimo.
Jacaerys, por otro lado, jamás había concebido el rechazo que los bastardos podrían haber causado en su persona hasta que estuvo frente a frente con ellos; compartiendo una mesa y una batalla. Sin embargo, incluso en la penuria de su auto-desprecio su corazón de acero pareció prevalecer...