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Noel Gallagher amaba la música.
En una de sus tantas noches de cigarrillos y alcohol se le había presentado la oportunidad de viajar por el mundo como Roadie de los Inspiral Carpets. Sabía que podía llegar más lejos, pero el puesto le sería útil para sumergirse en el ambiente de las grandes estrellas.
Olivia amaba los recitales.
Su madre trabajaba como Stage Manager en el Derby Rock Festival y la joven lo aprovechaba para escabullirse en el mundo del espectáculo, con la esperanza de poder seguir los pasos de su madre.
Hoy, la ojimarrón ocupaba el lugar de su madre, y Noel, junto a su hermano, el lugar de los Carpets.
Ambos, sedientos de triunfo, habían llegado a la cima. No existía droga, sexo ni alcohol que pudiera asemejarse al sabor del éxito.
Al menos eso era lo que creían hasta Knebworth, donde conocieron algo aún más fuerte; el amor y el deseo.