leslieeeeeeeeeeeee
Ellos se odian. Joder, se odian de verdad, desde la primera mirada que se tiraron, se mandan a la mierda delante de todo el mundo, se desafían hasta que el aire arde y corta, y nadie entiende por qué siguen apareciendo uno en la vida del otro.
Él es el tipo frío, cerrado, que se esconde en el rincón con un cigarro entre los dedos, que mira con desprecio todo lo que los demás festejan, cargado de rabia, de desorden y de esa podredumbre que siente que le come por dentro. Ella es todo lo contrario: limpia, recta, con una luz en los ojos que él perdió hace años, la única que le aguanta la mirada sin temblar, la única que le dice las cosas en la cara aunque le joda.
Pero entre todo ese asco y todas las peleas, hay algo jodidamente fuerte que lo quema vivo: una obsesión visceral, enferma, que no le deja dormir y que le grita que solo quiere un hijo de ella. De nadie más. Se le ocurren las cosas más locas, se lo pide casi suplicando con rabia detrás de un muro del pub, parado en la moto bajo su portal, con el corazón latiéndole en la garganta y el humo del cigarro saliendo de sus labios temblorosos. Cree que mezclando su sangre rota con la pureza de ella nacería algo perfecto, algo que por fin le salve de esta vida de mierda.
Ella le dice que son dos minas andantes, que se destruyen mutuamente, que es una puta locura, que no tienen nada estable... y él sabe que tiene toda la razón del mundo, pero le importa un carajo la lógica, porque este vínculo tóxico, este odio que se siente a fuego, es lo único real que tiene. Nadie sospecha nada, todos creen que solo se caen mal, mientras él se consume en silencio con este deseo que le parte el estómago, preguntándose cómo demonios alguien que odia tanto se convirtió en su única salvación posible.
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