selle_issf
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El loto nace del fango. Quizá por eso, ella nunca logró distinguir dónde terminaba la pureza y dónde se fundía con el pecado.
Siempre eligió creer en la bondad, aun cuando el mundo se esmeró en demostrarle lo contrario; incluso cuando sus propias manos se tiñeron de rojo por una lealtad ciega al cielo. Se convenció de que todas las almas bebían de la misma fuente, incluso aquellas que el resto del mundo llamaba «monstruos».
Pero hay historias de amor que no fueron escritas para salvar a nadie.
Historias que solo existen para repetirse en un ciclo eterno: encontrarse una y otra vez, solo para arrancarse el corazón del pecho de la forma más cruel.
Entre ellos, la fe siempre fue eso: el abismo que los separaba y, al mismo tiempo, el único hilo que todavía se negaba a romperse.