stapias23
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Dicen los que la conocieron que Aisling Byrne tenía algo raro en la mirada. No era belleza, aunque la tenía, con ese cabello del color del cobre recién pulido y esos ojos verdes que parecían guardar musgo de bosque húmedo. Era otra cosa. Quienes se sentaban cerca de ella en el Gran Comedor bajaban la voz sin darse cuenta. Quienes discutían, dejaban de hacerlo. Un profesor la describió una vez, sin saber que ella lo escuchaba desde el pasillo, como "una isla en medio de una tormenta que ni siquiera sabe que es una isla".
Ella no lo sabía, en efecto. Aisling creció pensando que su timidez era un defecto, un muro que la separaba de los demás. Nunca imaginó que ese silencio suyo, esa manera de escuchar sin juzgar, sería la grieta por donde entraría la luz en la vida de personas que ni siquiera conocía todavía: un chico de gafas y cabello imposible que se creía dueño del mundo, un hombre lobo que llevaba su condena en secreto, un chico gordito y nervioso que nadie miraba dos veces, un perro fiel disfrazado de muchacho rebelde, un niño de mirada gris que cargaba el peso de un apellido, y un joven de nariz ganchuda y corazón roto que solo quería que alguien, una sola persona, no lo mirara con desprecio.
Esta es la historia de cómo una chica que apenas sabía hablar en voz alta terminó cambiando el rumbo de todos ellos. Empieza, como casi todo lo importante, en un andén lleno de humo y despedidas.